Opinión

La paja en el ojo ajeno

Por Fernando Cabrejos Arauco
La insoportable desidia del ser

Todos los días muere en el Perú una persona por falta de un trasplante de órgano. Esta operación, ya habitual en la práctica médica, tiene todavía complicaciones en un país egoísta y divisor como el nuestro. La sociedad en general no está enterada sobre su importancia, así como las entidades públicas poco o nada hacen para mejorar este aspecto.

No existe, por ejemplo, un registro por parte de la RENIEC que identifique a los donantes voluntarios. Y aún cuando hubiese, la decisión final recae en manos de los familiares, que mayormente se muestran reacios a entregar órganos que podrían salvar vidas enteras.

Esta contrariedad solo logra acentuar el problema. ¿De qué le serviría un órgano a quien no tiene vida? Sonará cruel para mentes sensibles, pero una persona muerta no lo necesita. Incluso, viéndolo desde el ámbito espiritual, la mayoría de religiones aceptan como válido el trasplante de órganos. No se puede pensar en misticismos cuando existen vidas en juego.

¿Se trata de una crisis de apoyo mutuo o es la falta de información impartida a la ciudadana? Sinceramente creo que va más por el lado narciso, el cual deviene por otros problemas sociales como el clasismo o racismo. Nadie da una mano a alguien que no conoce.

Sin embargo, la importancia de la información no debe ser soslayada. No existe vigor ni por el Minsa ni por EsSalud, se limitan a dar cambios esporádicos, adyacentes a los cambios políticos. Están acostumbrados a trabajar solo bajo la lupa de los medios.

Sin la solidaridad de todos, este dilema no tendrá fin, y solo servirá para engrosar la larga lista de trabas que tienen los peruanos. Como siempre, el que no la vive no la siente. Un refrito más.