Opinión
La paja en el ojo ajeno
Todos los días muere en el Perú una persona por falta de un trasplante de órgano. Esta operación, ya habitual en la práctica médica, tiene todavía complicaciones en un país egoísta y divisor como el nuestro. La sociedad en general no está enterada sobre su importancia, así como las entidades públicas poco o nada hacen para mejorar este aspecto.
Esta contrariedad solo logra acentuar el problema. ¿De qué le serviría un órgano a quien no tiene vida? Sonará cruel para mentes sensibles, pero una persona muerta no lo necesita. Incluso, viéndolo desde el ámbito espiritual, la mayoría de religiones aceptan como válido el trasplante de órganos. No se puede pensar en misticismos cuando existen vidas en juego.
¿Se trata de una crisis de apoyo mutuo o es la falta de información impartida a la ciudadana? Sinceramente creo que va más por el lado narciso, el cual deviene por otros problemas sociales como el clasismo o racismo. Nadie da una mano a alguien que no conoce.
Sin la solidaridad de todos, este dilema no tendrá fin, y solo servirá para engrosar la larga lista de trabas que tienen los peruanos. Como siempre, el que no la vive no la siente. Un refrito más.